
Hace ya algunos días a Roberto Carlos, futbolista brasileño ex del Real Madrid y ahora jugador del Anzhi ruso, le enseñaron un plátano en una broma completamente racista, más o menos desafortunada, y por lo visto con el paso del tiempo altamente sancionable. Le llamaron mico. El momento justo del insulto se recoge perfectamente en la fotografía que ilustra este post (clic en la imagen para verla más grande)
Observen el gesto de asombro del carrilero brasileño y la burla de los aficionados rusos. Roberto Carlos ha dicho con mucho acierto que en sus 37 años de vida ha visto de todo y que no se asusta ante lo acontecido. Lo cierto es que al bromista que ha ideado esta chanza le va a caer una sanción ejemplar.
El pobre individuo autor de la sorna no podrá volver a pisar en su vida un estadio de fútbol ¿os parece una medida exagerada? Lo es. Pero lo que no debemos dejar de observar es que el mundial de fútbol de 2018 se celebrará en Rusia y ante ello las autoridades rusas han querido dar una lección, mandar un mensaje: Aquí no queremos tonterías, por lo menos hasta que llegue el mundial.
Se me pasa por la cabeza que el aficionado racista, una vez esté más calmada la cosa, podrá volver a ver fútbol en directo, siendo esta una maniobra de la federación rusa de cara al público mundial. Es sólo una idea.
De todas formas, tolerancia cero con el racismo y con los salvajes que pueblan los grupos ultras de fútbol, aunque veo ciertas diferencias punitivas entre golpear a un futbolista con un objeto arrojado al campo que enseñar una fruta.
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