
En primer lugar dar siempre las gracias a Renato Dirnei por todo lo que nos ha dado a los sevillistas a lo largo de los Siete años en los que ha estado defendiendo el escudo sevillista. Siete años, que se dice pronto.
El carioca siempre ha sido un caballero dentro y fuera del campo, ha criado a sus hijos en el amor a Sevilla y a los colores rojo y blanco y ha estado siempre ahí desde que el Sevilla FC empezó a desplegar. Yo creo que este tío, pese a haber nacido a miles de kilómetros de la Giralda, siente el club como lo podemos seguir cualquiera de los fieles de Nervión.
Una vez que me he deshecho en halagos hacia Renato, en estos momentos y con las últimas actuaciones (no las dos o tres últimas como suelen hacer los periodistas, sino con las veinte o veinticinco), hay que decir que el bueno de Renato ya no es el que era. Y no quiero ponerme crítico, porque a sus 31 años es normal que el futbolista empiece a perder cualidades y fuelle. Es ley de vida y más del fútbol (yo el otro día aguanté una hora de partido, es lo que hay).
A este tío lo que hay que hacer es darle un puesto de ojeador o algo por el estilo y sentirnos siempre agradecidos por los que nos ha dado, pero lo que es en el campo lo veo sólo para salir de revulsivo, y...
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