viernes, 1 de julio de 2011

Las palabras de Atilio


El sujeto se llama Atilio Costa Febre, y sus palabras han dado la vuelta al mundo.

Atilio es un locutor de radio deportiva de Argentina, ferviente seguidor de River Plate al que le tocó en (mala) suerte la triste tarea de narrar el descenso histórico de su River del alma a la segunda categoría del fútbol argentino.

Aquí tenéis el extracto radiofónico por si alguno no lo ha escuchado aún.

De entrada diré que comparto totalmente el dolor que siente este hombre. Su equipo ha sufrido un varapalo terrible y se nota que el desánimo que emiten sus palabras viene desde lo más profundo de su corazón.

En cuanto al contenido de su mensaje, no quiero caer en el debate absurdo en el que se está cebando más de uno sobre si sus palabras incitan a la violencia. Lo que de verdad incita a la violencia es la pésima gestión de los dirigentes de River que han dejado en la cuneta al equipo millonario (irónico ese apodo, estando el club en estos momentos en la ruina). Volviendo a las palabras del buen comunicador argentino, no comparto el insulto, aunque lo comprendo, pues en esas situaciones de rabia inmensa es difícil contenerse. A mí me ha pasado en este blog, y no me quiero ni imaginar cómo me pondría si a mi Sevilla le pasara de nuevo lo que le pasó a River.

Tal vez lo único censurable en el contenido del discurso del periodista de Radio Mitre sea las continuas alusiones a su persona. No eres tú el protagonista de lo que estaba sucediendo, Atilio, y seguramente en ese momento tu enorme trayectoria, tu gran bagaje profesional y tus rencillas con los dirigentes de River a los hinchas le importarían tres, cuatro o cien pimientos. Hay que ser más humildes y en ese momento de lógico pesar centrarse en el escudo de tu equipo, no dónde vas a trabajar el año que viene.

Mis condolencias al equipo rojiblanco de Buenos Aires, seguro que volvéis, chicos.

1 comentarios:

Silbato Sevillista dijo...

La verdad que este hombre, más allá de sus colores y su típico fervor argentino, me parece un impresentable.

Un locutor de radio no puede decir esas cosas, por muy harto y por muy dolido que esté.