martes, 30 de agosto de 2011

La alegría de los necios


Este parón liguero nos va a venir de perlas para analizar en profundidad algo que ocurrió no hace ni una semana. Algo por lo que quizás se ha pasado muy de puntillas pero que es tan vergonzoso como hiriente.

Me refiero a la intensa alegría que produjo en más de uno y más de dos que el Sevilla FC fuera eliminado de la Europa League frente al Hannover 96.

La noche del jueves fue horrorosa, depresiva, cabreante. Llegabas a casa con un humor de perros, pero cuando te metías en Internet ya fuera esa misma noche o a la mañana siguiente la indignación crecía aún más ¿por qué? Pues porque no había portal deportivo sevillano, nacional, foro en la red o incluso muro de Facebook en el que más de un miserable festejara la victoria alemana. Bueno, en realidad más que la victoria alemana festejaba el fracaso sevillista. Ya fueran béticos, malagueños (ya no malaguistas, si no malagueños), o el sunsuncorda, existía por la red una piara de amigos de los desastres ajenos que en unos momentos de dolor tan intenso se dedicó a intentar machacar más los ánimos de los sevillistas.

Para empezar, a este grupúsculo de miserables les diré que no tienen derecho ni a abrir la boca, puesto que de la competición de la que nos eliminaron el jueves pasado, ellos hace bastante tiempo que ni la uelen, y para que te eliminen primero has de clasificarte.

A esta panda de gentuza sin metas y promotores del mal de muchos yo les digo que vuestra dedicación no hace si no hacernos más grandes. Que vuestros objetivos deportivos o vitales se dirijan únicamente a vernos fracasar o que el partido más importante de vuestra temporada sea el que jugáis contra nosotros dice mucho de vuestras pequeñas, ínfimas formas de entender la existencia. Pero seguro que después de todo lo que más os escuece es que nosotros pasemos olímpicamente de ustedes. Todo un año esperando sangre y gloria en un mísero partido y después a la hora de verdad pimpam, un par de golitos, y a otra cosa. Eso debe de escocer tela marinera.

Estamos ante un fenómeno que no han inventado esta panducha de mequetrefes verdes en ocasiones, blancos y azules en otras, infames en todas. Todo esto es tan antiguo como el hombre, porque nació con él. Es la envidia, que cuando es sana es permisible, pero cuando es insana se convierte en algo que empequeñece a cualquiera. Incluso a los que ya son enanos.