lunes, 15 de agosto de 2011

La rata y el perro


Menudos dos, o menudo uno que le hace al otro ser así.

Se está convirtiendo ya en una triste monotonía que a la hora de dar la cara de verdad, el técnico del Real Madrid, Mourinho, se esconde tras la figura (esto de figura en más de un sentido) del segundo entrenador, Aitor Karanka.

Si de por medio hay Barcelona o árbitros Mourinho se quita de escena en menos que canta un gallo. No sé si será él mismo el que decide no entrar en la rueda de prensa o si serán las altas esferas (¿más altas que Mourinho?) las que aconsejan al fogoso míster portugués que ni se presente y en su lugar vaya el mandado Karanka. Ayer tras el partido de ida de la Supercopa volvió a ocurrir, pero no fue la primera vez y sospecho que no será la última.

Señor Mourinho, como quiera que la han montado ustedes, los partidos Barcelona - Real Madrid son un acontecimiento astronómico que paraliza los dos hemisferios terrestres, es por esto que periodistas cuyas nacionalidades no figuran ni en el manual de la ONU acuden debidamente acreditados desde los diversos puntos del orbe planetario sólo para cubrir el encuentrito de turno. Si usted, portugués, decide no presentarse y no da la cara ante ellos tras los 90 minutos, permítame decirle desde mi humilde tribuna que actúa como un cobarde asustado. Como las ratas.

Y usted, señor Karanka, me recuerda a un personaje de una soberbia novela que hace poco leí, Juego de Tronos, la primera parte de Canción de hielo y fuego. El personaje en cuestión no es otro que Sandor Clegane, al que llaman El perro por hacer siempre lo que su príncipe amo le dice, por obedecer ciegamente, no importando la tarea asignada incluso ya haya que asesinar a sangre fría.

Señor Karanka, cada vez que usted sale a dar la rueda de prensa en lugar de su jefe, lo que hace es tirar su dignidad al suelo y destrozala a patadas. Pero usted es obediente, fiel y leal a su amo, como cierto animal de compañía.