domingo, 4 de diciembre de 2011

Mucho gritar para luego acabar llorando (otra vez)

El gran equipo español de tenis derrotó al voluntarioso combinado argentino en la final de la Copa Davis 2011. 3 a 1, España cuenta con una nueva ensaladera en su haber.

Salvo el desastroso partido de dobles de Verdasco y Feliciano López, los españoles y argentinos desplegaron un muy buen juego sobre la arena de La Cartuja. Sevilla se vuelve a convertir en ciudad mágica para un combinado nacional. Está claro que esta ciudad tiene algo, y si no que le pregunten al bueno de Rafa Nadal, que se deshace en elogios hacia el público y el ambiente sevillano.

De poco sirvieron los cargantes y a la vez admirables hinchas del país de la Pampa, chillones hasta el hartazgo, encendidos, pasionales en extremo. Pero esto es tenis, y no basta con hacer mucho ruido. Enfrente tenían las barras albicelestes el ejemplo perfecto: La afición española y sevillana, aprended de ellos, eso es animar cuando hay que hacerlo, sin caer en la mala educación, algo muy importante en este deporte.

El larguirucho Juan Marín del Potro volvió a llorar. De nuevo. Nadal y la grada roja y gualda se encargaron de ello. Partidazo del Frankestein de Tandil pero eso no basta cuando tienes tras la red al constante genio de Manacor. Parecía que Del Potro tuvo alguna opción en algunos tramos del partido, pero le pesó el físico y las idas y venidas de un encuentro loco. La lágrima volvió a surcar la faz de los gritones y ganaron los mejores, nosotros.