
Este post está dedicado a un tipo de personaje que podemos encontrar por las cafeterías, gimnasios, tiendas y demás lugares comunes de nuestra ciudad. Téngase en cuenta que cuanto más bajo sea el estrato social de esos lugares, más individuos de esta calaña encontraremos.
Hablo, por supuesto, del beticucho.
Estoy hablando de un subser cuyas alegrías sólo vienen de dos direcciones: Con la victoria de su equipo, vale, pero aún más si cabe, con la derrota del otro.
El beticucho celebra las eliminaciones de Copa y, Champions y Europa League del Sevilla como si de un ascenso propio se tratase. El beticucho es aquel que en el día de ayer no dijo menos de 10 veces aquello de "Amunt Valencia". Tal vez lo dijese sin tener repajolera idea de lo que significa, o tal vez no se diese cuenta la criaturita que prefiere con esa breve frase posicionarse junto a un equipo de una tierra que no ha pisado jamás, antes que junto a un equipo de su ciudad.
Estos antiaficionados verdolagas gritan con elevada voz que ellos pretenden jocosa, frases de Del Nido ahora que el presidente del Sevilla lo tiene todo en contra. Se ceban de una de las peores situaciones personales que puede atrevesar una persona. Se lo gritan a sus conocidos sevillistas sin tener en cuenta que sus chistecitos pueden molestar a otros que no son sus amigos. Las alegrías del beticucho vienen de nuestras penas. Y eso es algo tan bajo que no hace sino confirmar la condición de segundones de estos no-señores. El beticucho te manda un mensajito si tu equipo ha caído derrotado dolorosamente. De repente se hace de los equipos que te han tumbado.
Si tienes algún día cerca a un beticucho, entiéndelo, no ha recibido una educación suficiente, y por muy extraño que parezca, su equipo no es el betis, ese es su segundo equipo, su infinito complejo de inferioridad le hace ser del Antisevilla FC.
Ojo, no todos los béticos son beticuchos, ni mucho menos, pero sí me atrevería a decir que son mayoría.
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