
Lo que voy a denunciar no es nada nuevo. Muchas veces lo he comentado y seguro que muchos de vosotros lo habéis pensado más de una y dos veces.
Ser del Madrid es tener un escudo impenetrable que te permite ciertas licencias así como cometer varias tropelías.
Lo primero de todo, si tienes un escudo del Real Madrid en el pecho durante un partido de fútbol, puedes increparle de todo al árbitro a escasos centímetros de su cara. No te preocupes si haces eso, es imposible que te saquen amarilla por tu actitud chulesca y descarada. Eso sí, mucho ojo si en tu casaca el escudo es de otro equipo cualquiera, en ese caso si le recriminas algo al trencilla de turno, puedes ver como respuesta un cartón amarillo inhiesto frente a tus sorprendidos ojos.
Tras haber pasado la mayor parte de la resaca de la brutal (una vez más) acción (o acciones) de Pepe durante el pasado partido de Copa que enfrentó a Real Madrid contra Barcelona, no nos provoca sorpresa saber que el club propietario del salvaje no va a castigar al leñero futbolista. Al contrario, ya salen los madridistas de turno a decir que Pepe es poco menos que una monjita de la caridad, que si es buena persona, y que si esto o lo otro, vídeo oficial del animal pidiendo perdón, etc. Mecanismo de defensa habitual, lavado de cara. El escudo... y aquí, como siempre, no pasa nada.
Tampoco rompe nuestros esquemas conocer que el Comité de Competición, ese organismo más corrupto que una caja de gusanos, no piensa intervenir para sancionar al angelito.
Si quien comete semejante tropelía se llega a llamar Javi Navarro o Pablo Alfaro, tendríamos a la Guardia Civil en las casas de los susodichos, se provocaría tal alarma social desde los infectos medios vikingos que el maldito Comité de Competición tendría que intervenir de oficio para sancionar a los pobres futbolistas de equipos de provincias.
Con Pepe no ocurre esto, no. Pepe tiene la inmensa suerte de pertenecer a un entramado demasiado bien montado. Un holding asqueroso a la par que podrido.
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