lunes 9 de enero de 2012

La absurda protección


El otro día, con todo el cabreo del mundo en lo alto tras la dolorosa derrota frente al Rayo Vallecano, tuve que salir y coger el coche. En mi afán masoquista puse la radio y sintonicé Sevilla FC Radio esperando poder compartir mi pena con los fieles de Nervión que se agolpan en las ondas hertzianas del 91.6.

Los mensajes de la gente eran los lógicos, de rabia y desesperación ante el pobre espectáculo que nuestro Sevilla de nuestras almas nos había brindado una vez más. La gente mandaba sms a la radio que siente como nosotros, y como es normal, la afición estaba muy caliente y muy, muy cabreada, con los jugadores, y sobre todo con Marcelino, que ya está (esta vez merecidamente), en la picota y el disparadero de salida a la mínima que marre. Ante el tono negativo general de los comentarios, los currantes de Sevilla FC Radio, (me parece que uno era Juan Ramón Morales, tampoco pongo la mano en el fuego), no tenían más remedio de tratar de suavizar el ambiente recordando glorias pasadas. El argumento era el de siempre, el más manido de todos, manoseado y chupeteado como una meretriz cincuentona: Los números de la primera temporada de Juande, con el empate ante el Español y la eliminación de Copa a manos del Cádiz, eran un poquito peores que los que maneja en la actualidad el entrenador que hoy se sienta en el banquillo del Sevilla FC. Por lo tanto, la consigna que se daba era, que si con unos números inferiores, Juande nos dio tantas glorias, ¿por qué no esperar que Marcelino nos vuelva a dar alegrías de las gordas?

Este absurdo argumento que se sostiene con cimientos de mondadientes se ha empleado con Jiménez, con Álvarez , con Manzano y ahora con Marcelino. El futuro de los anteriormente mencionados ya sabemos todos cuál fue: Salida por la puerta mediana, algunos incluso por la pequeña. Pero lo que vengo a decir con esto es que ya está bien de comparar etapas, nombres y proyectos, porque eso no sirve para nada. Sólo para caer en la vergüenza de defender lo indefendible. Si un entrenador no hace nada, ni juega un pimiento, ni siquiera hace los cambios bien, es que el equipo le ha venido grande. No me creo que unos jugadores tan buenos como los que tiene el Sevilla se conviertan en tan malos cuando toca jugar un partido de fútbol. No puede ser.

Yo soy partidario de que cuando hay argumentos para proteger a alguien, adelante, pero cuando los motivos desaparecen o brillan por su ausencia, es muy fácil caer en el ridículo más absoluto haciendo defensa a ultranza de un sinsentido.

Compañeros de Sevilla FC radio, no neguéis la evidencia, y sobre todo, por favor, dejad de recordar las épocas pasadas porque eso nos hace mucho daño.