¿Sirve para algo hablar de los árbitros?El tema de la semana ha sido la posible ayuda arbitral al FC Barcelona en el partido de Copa frente al Valencia.
Pero el agravante del tema está en que esa ayuda viene justo en la semana en la que el presidente culé Rosell ha afirmado que las decisiones de los árbitros han castigado al club catalán.
¿Quien no llora no mama? Eso parece, pero no voy a ser malpensado (esta vez) y no voy a creer que en esa jugada puntual en la que debió ser expulsado el meta Pinto, el árbitro de turno fallara por las rajadas de la gente blaugrana. Simplemente ni linier ni trencilla vieron esa acción puntual. Son malos, pero no unos corruptos.
Sinceramente lo creo así y además ES QUE ME LO TENGO QUE CREER ASÍ. Porque de lo contrario iba a volver a ver fútbol su santa madre.
Pero en una semana en la que tanto Madrid como Barcelona están a la gresca por el tema arbitral, yo me uno a la ola de sensatez que está imperando en la mayoría del resto de clubes. Me parece que fue el presidente del Valencia, quien, en un acto de señorío, justo cuando le habían mangado el partido de ida de Copa aseguró que ellos no hablaban de los árbitros. Del Nido también se ha expresado en esos términos en alguna que otra ocasión cuando aún tenían la mano dentro de su bolsillo.
Porque al Sevilla FC le roban partido sí, partido no. Lo más cercano es lo de Málaga, cuando por toda la santa jeta nos quitan un gol legal que hubiese significado el empate. Es más, cada vez que nos enfrentamos (y digo bien, enfrentamos) a más de un arbitrucho de los que nos tienen enfilados (gominas), el sevillista de a pie sabe a ciencia cierta que toca mangazo. Pero esto ocurre casi cada siete días y aquí nunca nadie dice nada. Nunca pasa nada. Les pasa a Madrid o Barcelona una o dos veces, y ya están llorando por las esquinas. Penoso.
Históricamente tanto Madrid como Barcelona han sido beneficiados sobremanera por la labor arbitral, ya sea por lo grande que son estos clubes, por su influencia, o porque el árbitro guarda en su interior un soterrado sentimiento merengue o culé. Tanto Madrid como Barcelona (y sus medios propios y ajenos) deberían achantar la mui respecto a los fallos arbitrales y estar más callados que en una misa bajo el agua.
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